sábado, 3 de mayo de 2014

Yolanda Guzmán Heroína y Mártir de la Guerra Patria de 1965.





Yolanda Guzmán: antitrujillista, conspiró contra el gobierno defacto de 1963 y terminó siendo una mártir de la Revolución de Abril de 1965
POR ÁNGELA PEÑA
La calle Yolanda Guzmán, tan larga, transitada y ancha, contrasta con la situación de estrechez y miseria en que pasan sus días la madre y los hermanos de la mártir de abril de 1965. Doña Beatriz, quien trajo al mundo a esa muchacha activa, militante y sensible en La Bomba de Jaiba, de San Francisco de Macorís, producto de una unión con Carlos María Paulino Fernández, sólo ha recibido incontables dolores desde que su hija fue fusilada en Mata Redonda, entre Guanuma y La Victoria, por una patrulla del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), apenas diez días después de iniciada la revuelta.
Entonces estaba embarazada de Milagros, pero la noticia de la muerte de Yolanda, el destino incierto de su cadáver y las condiciones en que vio sus restos en la morgue dos meses después de la masacre, sacudieron a tal extremo sus sentimientos que la criatura nació retrasada mental y hoy, con treinta y siete años, se comporta como una niña detenida en la infancia. La bautizaron con ese nombre porque nació, pese a tantos padecimientos.
Otra hija, Dámaris, padece los efectos de un derrame cerebral. Inmóvil en silla de ruedas, sin voz ni control de su organismo, llora con amargura patética al escuchar narrar la historia de su triste condición.
La propia señora cae en sollozos cuando muestra sus piernas vendadas, hinchadas por la falta de circulación, la incurable erisipela y el reciente desempleo de su hija Carmen Esther, despedida de la Secretaría de Agricultura “cuando era el único sostén de esta casa”.
Viven modestamente en la misma calle Yolanda Guzmán, la única de la relación de doña Beatriz con Paulino Fernández pues luego casó con Miguel Solano, que falleció hace dieciocho años y con quien procreó otros nueve hijos: Florencia, Daniel, Dámaris, Carmen Esther, Samuel, Ruth Miguelina, Milagros y Ezequiel.
De la vida personal de Yolanda se tenían pocas noticias. Las escasas notas consignadas en diccionarios y enciclopedias sólo dan cuenta de su actuación en la contienda de abril y de su muerte prematura. En diarios de 1965, el único sobreviviente de seis que fueron alcanzados por miembros del ejército, Narciso Román Taveras, ofreció los detalles del apresamiento y posterior muerte. El testimonio fue reproducido por HOY en 1997. Al margen de sus relatos no se sabía de la existencia de esta familia sencilla que idolatra a la mártir y que cuenta su historia de luchas junto al obrero, a líderes políticos, a militares constitucionalistas. No se conocía foto suya ni descripción de su fisonomía. Gracias a un primo residente en Miami, el comandante Miguel Paulino, se lograron contactos en Santo Domingo que hicieron posible la ubicación de los parientes de Yolanda.
ENVIUDÓ JOVEN
Yolanda nació el ocho de julio de 1943. Doña Beatriz la dejó en el campo con sus padres, Enemencio Guzmán Luna y María Jacinta Bautista y vino a la capital en 1944 a trabajar como doméstica. La trajo en 1946. “Yo la crié a ella lavando, planchando, haciendo arepa y vendiendo mabí”, cuenta la doña. La inquieta joven estudió en la escuela Julia Molina (hoy Uruguay) y en el Liceo México (Estados Unidos). En 1962 casó con Rafael Andrés García y procrearon una niña, Ruth Elizabeth, que murió a los siete meses de nacida. El esposo, quien trabajó como Inspector de la Presidencia en el gobierno de Juan Bosch, falleció de un ataque cardíaco el doce de septiembre de 1963.
Desde entonces, Yolanda, que en su soltería frecuentaba el club social y cultural Juan Pablo Duarte, comenzó a luchar en favor del obrero y posteriormente se uniría a las voces que reclamaban el retorno a la constitucionalidad tras el Golpe de Estado contra el Presidente Juan Bosch.
“Desde muy pequeña mostró inclinación a la política, inspirada por mamá que era antitrujillista y escuchaba las emisoras clandestinas de Cuba”, refiere Florencia, la hermana que acompañaba a Yolanda en sus pasatiempos juveniles y en las manifestaciones políticas. Doña Beatriz era su confidente, secretaria y auxiliar. A ella le contó los planes para el estallido de la revolución, le hacía encomiendas para los presos políticos que visitaba en La Victoria y la encargaba de preparar alimentos que llevaba a los comandos en armas.
Florencia afirma que el salvaje asesinato de las hermanas Mirabal, durante el trujillato, desató la indignación de su hermana, que juró entonces: “Me voy a dedicar a luchar, tenemos que liberarnos de este régimen”. Agrega que “cuando el PRD llegó al país el cinco de julio de 1961, fue de las primeras en inscribirse en el Conde 13. Desde entonces fue activista, militante. Conoció a José Francisco Peña Gómez con quien juramentó los comités de Gualey y Las Cañitas. Participó en la marcha de las mujeres vestidas de negro protestando por el derrocamiento de Bosch, visitaba frecuentemente las cárceles, ayudaba a las madres solteras a conseguir máquinas de coser, leche y pan para sus hijos”.
Cuentan que don Manuel Fernández Mármol le obsequiaba jabón, azúcar y comida para pobres y encarcelados y que Peña Gómez llegó a convertirse en un miembro más de la familia. “Peña para mí era un hijo, me ayudó siempre, vino a esta casita hasta pocos días antes de su muerte. Si viviera no estaríamos pasando tantas penurias”, comenta la sufrida doña Beatriz.
EN LA REVOLUCIÓN
“Cuando Peña Gómez llamó al pueblo a lanzarse a las calles ella se sorprendió y dijo: “pero hoy no era, porque ella era parte del plan”, narran doña Beatriz y la atenta Florencia que se afana en buscar antiguas fotos y documentos de Yolanda, peinar y asear a Dámaris, adecentar la vestimenta de la madre y de Milagros.
-¿Qué es lo que se trae Peña, porque el asunto no era hoy?- expresa que se preguntaba Yolanda, a la que habían encargado de la Zona Norte, para llevan comida a los comandos. “Dicen que ella andaba con un fusil, pero no podemos afirmarlo porque no la vimos”, comentan.
Entre sollozos, doña Beatriz exclama: “Duró poco tiempo, me la mataron el dos de mayo. Unos plátanos con espaguetis y pollo que me había encargado cocinar para llevarlo al comando de la 17, lo boté el martes, cuando nos dieron la trágica noticia. Ese día dos, agregan, “se juramentaba Caamaño como presidente constitucionalista, ella salió para allá, cuando venía de regreso, en un jeep junto a Luis Reyes Acosta, José María Reyes Araujo, Rafael García Vásquez, Mario Taveras y su hermano Narciso, que sobrevivió, fueron interceptados en la esquina Marcos Adón con Pedro Livio Cedeño, por el CEFA. De ahí los llevaron a Transportación y luego a Mata Redonda, donde fueron fusilados. Trataron de sacar los cadáveres, aseguran, “pero a todas las ambulancias que se acercaban le disparan y los pobladores los enterraron a flor de tierra hasta que una comisión de la OEA los desenterró y los llevó a la morgue del hospital Gautier”, narran las señoras.
“Ya a los dos meses de muerta, le avisaron a mamá que fuera a identificarla. El doctor Tancredo Duluc dijo: ‘voy a buscar ese cadáver aunque me quiten la vida’ y fuimos con una carta del Procurador Chalas Valdez”, recuerda Florencia.
Doña Beatriz, sobrecogida aún por el impacto, acota: “Yo pensaba que iba a verla igualita y lo que encontré fueron sus huesos pelados, ni se le veían los cabellos. La velaron en la calle 16 de Agosto número 6, donde vivía el comandante constitucionalista Silvio Arzeno, y después una muchedumbre vestida de negro la enterró en el cementerio de la avenida Independencia”.
LA CALLE
El nueve de octubre de 1965 el Ayuntamiento de Santo Domingo acordó designar con el nombre de Yolanda Guzmán “la calle que desde la Eusebio Manzueta hacia el Sur se llamaba Manzana de Oro, y hacia el Norte El Progreso de Trujillo, en homenaje a la joven combatiente que dio su vida en aras de los ideales revolucionarios…”.


Líder Sindical Mauricio Báez

En el Día Internacional de los Trabajadores honremos al gigante de la lucha obrera dominicana: Mauricio Báez.


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 DESTACADO LUCHADOR OBRERO Y REVOLUCIONARIO QUIEN EN LA DECADA DEL 40 DESAFIO AL TIRANO TRUJILLO ORGANIZANDO JORNADAS DE HUELGA EN LA REGION ESTE DEL PAIS LOGRANDO ARRANCARLES IMPORTANTES CONQUISTAS OBRERAS COMO LA JORNADA DE 8 HORAS, AUMENTO DE SALARIOS Y PREAVISO Y CESANTIA. !VIVA EL GIGANTE MAURICIO BAEZ CONOCIDO TAMBIEN COMO EL PERIODISTA, SOBRENOMBRE QUE SE GANO POR LA FACILIDAD QUE TENIA PARA ESCRIBIR LOS VOLANTES Y PERIODICOS QUE CIRCULABAN EN ESOS TIEMPOS, ESCRITOS E IMPRESOS POR EL. MAURICIO ORGANIZO LA PRIMERA HUELGA OBRERA CONTRA TRUJILLO (DEL 31 DE ENERO AL 2 DE FEBRERO). LA HUELGA SE INICIO ENTRE LOS CAÑEROS DE LA ROMANA Y SE EXTENDIO A LOS DE SAN PEDRO DE MACORIS. LA HUELGA FUE SALVAJEMENTE REPRIMIDA CAYENDO ASESINADOS HECTOR PORFIRIO QUEZADA Y ANGEL MARIA DICSON. QUIENES JUNTOS A MAURICIO Y FREDDY VALDEZ SIMBOLIZAN EL MARTIRILOGIO DE LA LUCHA OBRERA NACIONAL. .LA JORNADA FUE CONVOCADA POR LA FEDERACION PROVINCIAL DE TRABAJADORES DE SAN PEDRO DE MACORIS QUE LIDERABA MAURICIO BAEZ.A PESAR DE LA REPRESION, LA HUELGA CONCLUYO CON DEMANDAS LOGRADAS COMO FUERON LA JORNADA DE TRABAJO DE 8 HORAS, AUMENTO DE SALARIOS , CONSAGRACION DE LA SESANTIA, ENTRE OTRAS CONQUISTAS.. FRENTE A LA REPRESION Y PERSECUSION MAURICIO TUVO QUE ASILARSE EN LA EMBAJADA DE MEJICO, PAIS DONDE MURIO ABATIDO POR UN ESBIRRO DE LA TIRANIA QUE PERSEGUIA A SU OPOSITORES HASTA EN EL EXILIO. MAURICIO FUE DIRIGENTE-FUNDADOR DEL PARTIDO DEMOCRATICO REVOLUCIONARIO DOMINICANO Y DEL PARTIDO SOCIALISTA POPULAR (PSP). EN EL 1946 EL PDRD SE FUSIONO CON EL PSP, EN ESE MISMO AÑO SE CELEBRO EL PRIMER CONGRESO OBRERO DONDE MAURICIO JUGO UN PAPEL ESTELAR, JUNTO A OTROS LIDERES SINDICALES QUE JUNTO A EL HONRAMOS ESTE IRO DE MAYO. TODOS TUVIERON EL CORAJE Y LA VALENTIA DE DESAFIAR EL REGIMEN TENEBROSO DE TRUJILLO Y LOGRAR ARRANCARLES IMPORTANTES CONQUISTAS QUE LOS PATRONOS DE HOY QUIEREN DESCONOCER. HABLAMOS DE JUSTINO JOSE DEL ORBE, HUMBERTO NUÑEZ, FREDDY VALDEZ, BARBARIN MOJICA, JULIO DE PEÑA VALDEZ Y TANTOS OTROS FORJADORES DE UNA CONCIENCIA PROLETARIA EN EL PAIS.
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Mauricio Báez
Mauricio Báez fue un dirigente sindical, luchador por las libertades sindicales y el reconocimiento de los derechos de los trabajadores de la caña en la República Dominicana. Nació el día 23 de Septiembre del 1910 en Sabana Grande de Palenque, San Cristóbal, República Dominicana. Es considerado el dirigente sindical más grande de todos los tiempos en República Dominicana. 
Biografía
Mauricio Báez, nació el día 23 de Septiembre del 1910 en Sabana Grande de Palenque, Provincia de San Cristóbal, República Dominicana. Hijo de Daniel Báez y de Julia de los Santos, desde niño se traslado a San Pedro de Macorís donde trabajo en la Bodega del Ingenio Colon, para más tarde trasladarse a trabajar en el muelle de esta ciudad.
Desde 1930 se inicia en las actividades sindicales integrándose a asociaciones e instituciones sindicales de su época, siendo un miembro activo de su gremio, desde allí estimulo y organizo otras organizaciones de igual índole en diferentes provincias. Hasta lograr organizar más de 30 gremios de organizaciones sindicales de toda la provincia de San Pedro de Macorís con las cuales fundó la Asociación Local del Trabajo de San Pedro de Macorís.
Los que lo conocieron lo califican como un hombre honesto, trabajador, integro, valiente e insobornable. Por ello se gano rápidamente la confianza, el respeto y cariño de los trabajadores por cuya defensa sufrió represión, prisión y exilio en varias ocasiones.
La Gran Huelga
El joven dirigente de la Central Sindical de Trabajadores de San Pedro de Macorís fue el líder obrero más importante de la década del cuarenta, Báez aprovecho la apertura engañosa del régimen del tirano Rafael Leónidas Trujillo para promover y organizar desde el periódico El Combate y luego desde El Federado, impulsando con esto la lucha de los trabajadores de la región este, principalmente en La Romana y San Pedro de Macorís.
El acontecimiento más importante de la vida de Mauricio Báez es la llamada huelga azucarera del 7 de Enero del 1946, los obreros de La Romana y de San Pedro de Macorís de lanzaron a las calles en una huelga indefinida, exigiendo con ella el aumento de sueldo y el cumplimiento de la jornada de trabajo de 8 horas diarias.
Después de dicha huelga el tirano Rafael Leónidas Trujillo empieza una oleada represiva contra los movimientos sindicales de la región Este, asesinando y encarcelando a decenas de sus miembros, lo que causo que varios de ellos se refugiaran en la Embajada de Mexico desde donde se fueron al exilio, incluyendo a Mauricio Báez.
Muerte
El día 08 de Diciembre del 1950 agentes encubiertos se presentaron en la casa No. 08 de la calle Cervantes en la Habana Cuba donde secuestraron a Mauricio Báez y nunca más se volvió a ver.


domingo, 30 de marzo de 2014

Batalla del 30 de Marzo


Batalla del 30 de Marzo
Fecha
30 de marzo de 1844
Lugar
Resultado
Victoria dominicana
Beligerantes
Comandantes
Bandera de Haití. Jean-Louis Pierrot
Bandera de Haití. Gral. St.-Louis
Fuerzas en combate
400 regulares: francomacorisanos
Se desconoce
Cronología
Anterior: Batalla del 19 de marzo
Batalla del 30 de Marzo
Posterior: Batalla de El Memiso
La Batalla del 30 de Marzo o Batalla de Santiago fue la segunda batalla posterior a la Guerra de la Independencia Dominicana y se libró el 30 de marzo de 1844, en Santiago. En esta batalla, el general José María Imbert] al mando de una parte del ejército del norte, derrotó al general Jean-Louis Pierrot, quien comandaba las tropas del ejército haitiano en una relación numérica superior a su favor.
Historial
Después de haber sido derrotados en la Batalla del 19 de marzo primera batalla después de la independencia dominicana, los haitianos volvieron a invadir la recién creada nación.
Antes de iniciar la batalla en Santiago, los dominicanos se aprestaron a realizar preparativos consistentes en obtener dinero para la compra de armas. Con la asistencia de Ramón Matías Mella y Pedro de Mena, se lograron donativos de muchas personas pudientes deSanto Domingo. En Santiago, personajes como Ciprián Mallol, Juan Luis Bidó, Ramón Bidó y otros dominicanos también se unieron a la causa.
Comenzaron a llegar refuerzos a Santiago desde Baní al mando del coronel Ramón Santana. El General Francisco Antonio Salcedo avanzó hasta Talanquera y Escalante, con el propósito de contener el avance militar haitiano hacia Santiago. Este militar estableció su cuartel general en Escalante, cerca de Guayubín, Montecristi. Las tropas de Pierrot avanzaron rápidamente y éste tomó a Dajabón el 23 de marzo de 1844.
El 27 de marzo de 1844, el general y comandante de operaciones en Santiago José María Imbert fue llamado por la Gobierno dominicano, con el propósito de que organizara el contraataque a los haitianos.
Imbert atrincheró la ciudad, construyó fosos y tomó precauciones importantes para ganar una batalla. Se hizo acompañar de los oficiales Pedro, Achille Michel, Ángel Reyes, Ramón Franco Bidó, José Nicolás Gómez, Fernando Valerio López, José M. López, Lorenzo Mieses, Dionisio Mieses, Toribio Ramírez, Marcos Trinidad López, entre otros.
El 27 de marzo, el General haitiano Pierrot dividió sus tropas. Se acercó a la ciudad de Santiago de los Caballeros con más de 2,000 soldados en cada columna. Antes del amanecer, las tropas invasoras se atrincheraron en Gurabito. Después de haber cruzado el río Yaque del Norte y de atrincherarse, el ala derecha se dirigió hacia el camino de La Herradura.
El 30 de marzo, los haitianos atacaron y fueron embestidos por el general José María Imbert en el fuerte Dios, Patria y Libertad frente a la sabana de Santiago de los Caballeros. Los haitianos contraatacaron y fueron rechazados por la artillería dominicana y la fusilería de Fernando Valerio. El ejército haitiano lanzó un ataque desesperado y fue vencido con los cañones del fuerte Dios, Patria y Libertad y por la infantería de Fernando Valerio López. El ejército de Jean-Louis Pierrot se vio obligado a retroceder, dándole la victoria al ejército dominicano liderado por José María Imbert.




 La idea de Duarte y sus seguidores de que la República Dominicana se bastaba sola para defenderse de la horda haitiana sin necesidad de sacrificar parte de su territorio para obtener protección extranjera fue confirmada el 30 de marzo de 1844 en Santiago de los caballeros.
A la cabeza de un ejército de 10,000 hombres el general Pierrot se abalanzo contra Santiago de los caballeros, en la cual no se encontraba el jefe de la plaza, General Ramón Mella, por haberse dirigido a san José de las matas en compañía del general Pedro Ramón de Mena y del capitán José Desiderio Valverde con el propósito de reclutar tropas.
Se hizo cargo de la defensa el general José María Imbert, quien había sido el jefe independentista en Moca. En su apresurado plan de defensa, fortifico y acondiciono tres fuertes naturales que se bautizaron: Dios, Patria y Libertad.
A las 12 de la tarde del 30 de marzo de 1844, inicio Pierrot el ataque a Santiago. El general Imbert contaba con el asesoramiento del general Pelletier y del comandante Achille Michell. Así dirigidos, los dominicanos castigaron duramente a los invasores, los cuales a pesar de numerosas y resueltas acometidas no lograron penetrar en las fortificaciones defendidas por fuertes andanadas de artillería y cerradas descargas de fusil.
Las bajas haitianas eran tan considerables que el general Pierrot pidió una tregua para recoger muertos y heridos y para parlamentar con los dominicanos. El general Pelletier y varios oficiales dominicanos bajaron a entrevistarse con Pierrot, poniéndole en conocimiento que según un impreso proveniente de la junta gubernamental de Santo Domingo, el presidente Charles Herard había perecido en la batalla de Azua. Esto despertó en Pierrot la ambición de apoderarse del gobierno de Haití y decidió retirarse del campo, abandonando pertrechos y heridos.
Cabe al general Imbert la gloria de este triunfo, ya que fue él quien organizo y unifico la defensa. Las batallas del 19 y 30 de marzo tienen algo en común y que las destaca, esto es que a estas batallas se les otorgo el nombre de la fecha en que ocurrieron y no del lugar.





martes, 25 de marzo de 2014

34 Aniversario asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez

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Óscar Arnulfo Romero
(Óscar Arnulfo Romero y Galdames; Ciudad Barrios, 1915 - San Salvador, 1980) Arzobispo salvadoreño. Formado en Roma, inició su carrera eclesiástica como párroco de gran actividad pastoral, aunque opuesto a las nuevas disposiciones del Concilio Vaticano II. En 1970 fue nombrado obispo auxiliar de El Salvador, y en 1974 obispo de Santiago de María.
En esta sede comenzó a aproximarse a la difícil situación política de su país, donde desde hacía décadas gobernaba el Ejército. Se implicó de lleno en la cuestión una vez nombrado arzobispo de El Salvador en 1977. Sus reiteradas denuncias de la violencia militar y revolucionaria, que llegaba hasta el asesinato de sacerdotes, le dieron un importante prestigio internacional. Ello no impidió que, al día siguiente de pronunciar una homilía en que pedía a los soldados no matar, fuese asesinado a tiros en el altar de su catedral.


Era hijo de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, ambos mestizos; su padre fue de profesión telegrafista. Estudió primero con claretianos, y luego ingresó muy joven en el Seminario Menor de San Miguel, capital del departamento homónimo. De allí pasó en 1937 al Colegio Pío Latino Americano de Roma, donde se formó con jesuitas. En Roma, aunque no llegó a licenciarse en Teología, se ordenó sacerdote (1942).
El año siguiente, una vez vuelto a El Salvador, fue nombrado párroco del pequeño lugar de Anamorós (departamento de La Unión), y luego párroco de la iglesia de Santo Domingo y encargado de la iglesia de San Francisco (diócesis de San Miguel). Trabajador y tradicionalista, solía dedicarse a atender a pobres y niños huérfanos. En 1967 fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES), estableciendo su despacho en el Seminario de San José de la Montaña que, dirigido por jesuitas, era sede de la CEDES. Tres años después el papa Pablo VI lo ordenó obispo auxiliar de El Salvador.
Crítico por entonces de las nuevas vías abiertas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), no tuvo buenas relaciones con el arzobispo Chávez y González, ni tampoco con un segundo obispo auxiliar, Arturo Rivera y Damas. Movido por aquella postura, cambió la línea del semanario Orientación (que desde entonces disminuyó notablemente su difusión). También atacó, sin demasiado efecto, al Externado de San José y a la Universidad Centroamericana (UCA), instituciones educativas dirigidas por jesuitas y, finalmente, a los propios jesuitas, contribuyendo a apartarlos en 1972 de la formación de seminaristas (sustituidos por sacerdotes diocesanos y nombrado él mismo Rector, el Seminario debió cerrar medio año después).
A pesar de esta serie de fracasos, gozaba del apoyo del Nuncio Apostólico de Roma, y fue nombrado obispo de Santiago de María en 1974. De gran dedicación pastoral, promovió asociaciones y movimientos espirituales, predicaba todos los domingos en la catedral, y visitaba a los campesinos más pobres. Bien visto por ello entre los sacerdotes de su diócesis, se le reprochó cierta falta de organización y de individualismo. En 1975, el asesinato de varios campesinos (que regresaban de un acto religioso) por la Guardia Nacional le hizo atender por primera vez a la grave situación política del país.
Así, cuando el 8 de febrero de 1977 fue designado arzobispo de El Salvador, las sucesivas expulsiones y muertes de sacerdotes y laicos (especialmente la del sacerdote Rutilio Grande) lo convencieron de la inicuidad del gobierno militar del coronel Arturo Armando Molina. Monseñor Romero pidió al Presidente una investigación, excomulgó a los culpables, celebró una misa única el 20 de marzo (asistieron cien mil personas) y decidió no acudir a ninguna reunión con el Gobierno hasta que no se aclarase el asesinato (así lo hizo en la toma de posesión del presidente Carlos Humberto Romero del 2 de julio). Asimismo, promovió la creación de un "Comité Permanente para velar por la situación de los derechos humanos".
El Nuncio le llamó al orden, pero él marchó en abril a Roma para informar al Papa, que se mostró favorable. En El Salvador, el Presidente Romero endureció la represión contra la Iglesia (acusaciones a los jesuitas, nuevas expulsiones y asesinatos, atentados y amenazas de cierre a medios de comunicación eclesiásticos). En sus homilías dominicales en la catedral y en sus frecuentes visitas a distintas poblaciones, Monseñor Romero condenó repetidamente los violentos atropellos a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña.
En junio de 1978 volvió a Roma y, como la vez anterior, fue reconvenido por algunos cardenales y apoyado por Pablo VI. Continuó, pues, con idéntica actitud de denuncia, ganándose la animadversión del gobierno salvadoreño y la admiración internacional. La Universidad de Georgetown (EE.UU.) y la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) le concedieron el doctorado honoris causa (1978 y 1980 respectivamente), algunos miembros del Parlamento británico le propusieron para el Premio Nobel de la Paz de 1979, y recibió en 1980 el "Premio Paz", de manos de la luterana Acción Ecuménica de Suecia.
Aunque no hay certezas al respecto, se ha afirmado que el 8 de octubre de 1979 recibió la visita de los coroneles Adolfo Arnoldo Majano Ramos y Jaime Abdul Gutiérrez, quienes le comunicaron (también al embajador de Estados Unidos) su intención de dar un golpe de estado sin derramamiento de sangre; llevado a efecto el 15 de octubre, Monseñor Romero dio públicamente su apoyo al mismo, dado que prometía acabar con la injusticia anterior. En enero de 1980 hizo otra visita más a Roma (la última había sido en mayo de 1979), ahora recibido por Juan Pablo II, que le escuchó largamente y le animó a continuar con su labor pacificadora.
Insatisfecho por la actuación de la nueva Junta de Gobierno, intensificó los llamamientos a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, la Junta y el ejército, los propietarios, las organizaciones populares, sus sacerdotes e incluso a los grupos terroristas; para colaborar en la reconstrucción de El Salvador y organizar un sistema verdaderamente democrático. El 17 de febrero de 1980 escribió una larga carta al presidente estadounidense Jimmy Carter, pidiéndole que cancelase toda ayuda militar, pues fortalecía un poder opresor.
Finalmente, el 23 de marzo, Domingo de Ramos, pronunció en la catedral una valiente homilía dirigida al Ejército y la Policía. Al día siguiente, hacia las seis y media de la tarde, durante la celebración de una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, fue asesinado en el mismo altar por un francotirador. Se atribuyó el crimen a grupos de ultraderecha, afirmándose que la orden de disparar habría sido dada por el antiguo Mayor Roberto D'Aubuisson (uno de los fundadores, posteriormente, del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA); sin embargo, no se detuvo a nadie y todavía en la actualidad permanecen sin identificación y castigo los culpables.

Óscar Romero
Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, conocido como Monseñor Romero y popularmente como San Romero de América, fue un prelado católico salvadoreño que nació en Ciudad Barrios, El Salvador, el 15 de agosto de 1917, y murió asesinado en San Salvador, el 24 de marzo de 1980.
Arzobispo de San Salvador desde 1977 hasta el momento de su asesinato, defendió los derechos humanos y la justicia social y denunció los crímenes del régimen militar que imperaba en El Salvador.
Citas de Monseñor Oscar Arnulfo Romero
·         "He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño." (en una entrevista concedida al periodista mexicano José Calderón Salazar, corresponsal del Diario Excelsior en Guatemala, 2 semanas antes de su muerte)
·         "El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad." (ibid.)
·         "Puede usted decir si llegasen a matarme que perdono y bendigo a quienes lo hagan. Ojalá si, se convencieran que perderán su tiempo. Un Obispo morirá pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás." (ibid.)
·         "La justicia es igual a las serpientes. Sólo muerden a los que están descalzos"
Extractos de sus homilías dominicales.
·         "Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión". (Homilía dominical, 23 de marzo de 1980)
·         "La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres... así la Iglesia encuentra su salvación." (Homilía dominical, 11 de noviembre de 1977)
·         "Estas desigualdades injustas, estas masas de miseria que claman al cielo, son un antisigno de nuestro cristianismo. Están diciendo ante Dios que creemos más en las cosas de la tierra que en la alianza de amor que hemos firmado con Él, y que por alianza con Dios todos los hombres debemos sentirnos hermanos... El hombre es tanto más hijo de Dios cuanto más hermano se hace de los hombres, y es menos hijo de Dios cuanto menos hermano se siente del prójimo" (Homilía 18 de septiembre de 1977)
·         "Hacemos un llamado a la cordura y la reflexión. Nuestro país no puede seguir así. Hay que superar la indiferencia entre muchos que se colocan como meros espectadores ante la terrible situación, sobre todo en el campo. Hay que combatir el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance a los demás. Hay que volver a encontrar la profunda verdad evangélica de que debemos servir a las mayorías pobres" (Homilía dominical, 2 de abril de 1978)
·         "Aquí nos está dando Cristo la respuesta a una calumnia que se oye muy frecuente: ¿Por qué la Iglesia sólo le está predicando a los pobres? ¿Por qué la Iglesia de los pobres? ¿Que acaso los ricos no tenemos alma? Claro que sí y los amamos entrañablemente y deseamos que se salven, que no vayan a perecer aprisionados en su propia idolatría, les pedimos espiritualizarse, hacerse almas de pobres, sentir la necesidad, la angustia del necesitado" (Homilía dominical, 15 de octubre de 1978)
·         "¿Qué otra cosa es la riqueza cuando no se piensa en Dios? Un ídolo de oro, un becerro de oro. Y lo están adorando, se postran ante él, le ofrecen sacrificios. ¡Qué sacrificios enormes se hacen ante la idolatría del dinero! No sólo sacrificios, sino iniquidades. Se paga para matar. Se paga el pecado. Y se vende. Todo se comercializa. Todo es lícito ante el dinero"(Homilía dominical, 11 de septiembre de 1977)
·         "La justicia social no es tanto una ley que ordene distribuir; vista cristianamente es una actitud interna como la de Cristo, que siendo rico, se hace pobre para poder compartir con los pobres su amor. Espero que este llamado de la Iglesia no endurezca aún más el corazón de los oligarcas sino que los mueva a la conversión." (Homilía dominical, 24 de febrero de 1980)