martes, 8 de octubre de 2013

24 Aniversarion Cruce Bahía de Samaná por Claudio Caamaño

Claudio Caamaño Grullón escogió el 8 de octubre para el cruce de la Bahía de Samaná, para rendirle homenaje a ese gran dominicano y compañero de lucha Manfredo Casado Villar.
Nueve horas y 18 minutos duró la travesía, salió a las 4 de la madrugada de Samaná y llegó al puerto local de Sabana de la mar a la 1:18 de la tarde.
El trayecto tiene una distancia de 17 kilómetros pero se hace mucho más distante por el gran oleaje y la corriente que se mantiene en la zona.
El pueblo de Samaná se tiro a la calle a despedir a los nadadores y el pueblo de Sabana de la Mar le dio un gran recibimiento, tanto así que el embarcadero se hundió del peso de la gente.
Este evento fue el primero que se realizaba a mar abierto en el Caribe.
Claudio en el momento del cruce de la Bahía de Samaná tenía 50 años.

38 Aniversario del asesinato de Manfredo Casado Villar



Manfredo Casado Villar, un combatiente revolucionario de leyenda

Combatiente revolucionario de una conducta ejemplar nacido en Hoyo Nuevo, San José de Ocoa, en el seno de una familia de agricultores honrados y laboriosos. Desde joven asumió una actitud de compromiso con la libertad, la justicia y el bienestar del pueblo dominicano, principalmente de los campesinos ocoeños.

Hombre extraordinariamente honesto, Manfredo, labró con su ejemplo el liderazgo más sólido del revolucionario comprometido en Los Martínez, Las Caobas, Los Naranjales, Hoyo Nuevo, Parra, El Pinar, Sabana Larga, donde era más conocido, así como entre la juventud de San José de Ocoa y parte de Baní.

Al estallar la guerra el 24 de abril de 1965, su padre, conocido popularmente como Porfirito Casado, ingresó a la ciudad de Santo Domingo y se incorporó a la lucha por la reposición en el gobierno del profesor Juan Bosch y el restablecimiento de la Constitución de 1963 que habían sido destronados por un golpe militar gestado por la oligarquía dominicana dirigida por el imperio de Estados Unidos.

Junto a Porfirito llegaron a las trincheras de los constitucionalistas sus hijos mayores Manfredo y Niño Casado Villar, quienes lucharon durante meses contra las tropas invasoras de Estados Unidos.

Concluida la guerra en septiembre de 1965, esos combatientes ocoeños regresaron a Los Martínez a labrar la tierra y a proseguir su lucha por la justicia social, la libertad y el bienestar de los dominicanos.

Unas veces trabajando en Santo Domingo, otras laborando en el campo, Manfredo no descuidó nunca su labor revolucionaria, lo que le permitió crear una sólida organización con base en Los Martínez, pero apoyada en otros campos de Ocoa, en la ciudad y en Baní.




Fue esa organización esencialmente autónoma, pero sustentada en su liderazgo indiscutido, la que dio refugio y protección a la mayoría de los dirigentes revolucionarios que eran perseguidos a muerte en Santo Domingo.

Aunque Manfredo nunca fue miembro de algún partido de izquierda, en su base político-militar en Los Martínez acogió y protegió a los principales dirigentes del Partido Comunista Dominicano (PCD), los del Movimiento Popular Dominicano (MPD), los del 14 de Junio, entre otros.

En Los Martínez estuvieron durante algún tiempo Plinio Matos Moquete, Henry Segarra, Guillermo Rubirosa Fermín, Rafael –Fafa- Taveras, Pedro Juan Persia, Braulio Torres, entre otros, quienes se internaron en las montañas junto a Manfredo y sus seguidores campesinos.

Toda la juventud de Los Martínez, varones y hembras, dieron un sólido respaldo a la lucha revolucionaria que encabezó Manfredo en los años sesenta hasta mediados de los setenta.

Con su lucha, los campesinos de Los Martínez recuperaron miles de tareas de tierra que detentaba la familia Solano, pese a que tropas de la Policía y del Ejército Nacional se enfrentaban con los agricultores, quienes finalmente permanecieron en la tierra que les pertenecía.

Entre 1967 y 1972, Los Martínez se constituyó en una verdadera base revolucionaria constituida por campesinos de la zona que bajo el liderazgo de Manfredo, sostuvieron su lucha pagando un alto precio en cárcel, torturas, persecución y muerte.

A finales de los años sesenta fue establecido un destacamento, con una dotación de un pelotón del Ejército Nacional en Las Caobas con el propósito expreso de combatir a Manfredo y sus hombres que estaban asentados a unos tres kilómetros loma adentro.

Tan pronto Manfredo muere el 8 de octubre de 1975, ese destacamento fue eliminado, pese a que era la agrupación de tropas más grande en todo San José de Ocoa y que además era reforzado constantemente con soldados que llegaban desde Azua, asiento de la compañía o de San Cristóbal, asiento del batallón del Ejército.

Durante su lucha revolucionaria, Manfredo y sus hombres y mujeres dieron una lección de dignidad y valor al pueblo dominicano y al ocoeños en particular.

Golpeado por el divisionismo de la izquierda, por errores políticos que cometían estas organizaciones y que arrastraban a Manfredo y sus compañeros, pero sobre todo por la confrontación con recursos militares, políticos y de inteligencia del gobierno, su organización fue debilitada. Decenas de hombres purgaron cárcel y otros tuvieron que pasar a la total clandestinidad, tanto en Santo Domingo como en otros lugares, lo que obligó a Manfredo a buscar asilo en la embajada de México en la primavera de 1972.

La llegada de la expedición guerrillera conocida como Playa Caracoles, encabezada por Francisco Alberto Caamaño, que entró por Azua y subió a las montañas de Ocoa, lo sorprendió asilado en la embajada de México.
Liquidada la guerrilla de Caamaño con el asesinato de su líder y otros cuatro guerrilleros, uno de los sobrevivientes, Claudio Caamaño Grullón, logra evadir la persecución militar, entra a la ciudad de Santo Domingo en el mes de abril y al día siguiente se asila en la embajada de México.

Es en esa circunstancia que se conocen dos luchadores revolucionarios ejemplares: Claudio Caamaño, veterano combatiente de la Guerra de 1965 y sobreviviente de la guerrilla de Playa Caracoles, y Manfredo Casado Villar.
De esa feliz coincidencia nació un compromiso revolucionario de continuar la lucha armada en las montañas, para lo cual salieron al extranjero a preparar su retorno.

A Claudio Caamaño le fue permitida la salida, pero se le negaba a Manfredo, pues el gobierno de Joaquín Balaguer quería que se lo entregaran para asesinarlo y con él su ejemplo de que de un humilde campesino puede salir un revolucionario consecuente.

Es mediante una acción audaz de retener a un hijo del embajador de México que Manfredo logra que el gobierno asesino de Balaguer le entregue el salvoconducto para viajar al exterior. Fue sacado del país en 1973 con destino a París, Francia, desde donde de inmediato fue a Cuba para unirse a Claudio Caamaño, quien ya se entrenaba para volver a la lucha armada, junto a Toribio Peña Jáquez y otros compañeros.

En Cuba Manfredo completó su preparación militar y política, retornando al país en junio de 1975 bajo el mando de Claudio Caamaño y acompañado además, por Toribio Peña Jáquez, combatiente de 1965 e integrante de la fuerza guerrillera de Caamaño en 1973, pero que no subió a la montaña por haberse extraviado durante la maniobra de desembarco en la Bahía de Ocoa, el 2 de febrero de 1973.

Provenientes de Cuba, pero llegados desde Puerto Rico en un bote tripulado por revolucionarios de esa isla hermana, Claudio, Manfredo y Toribio, después de vencer una tenaz persecución iniciada desde la costa de Nizao, Baní, pues los tres hombres que los trajeron al país fueron detenidos en La Romana, torturados y de ellos obtuvieron la información del desembarco, el pequeño grupo guerrillero logró internarse en las montañas al norte de Los Martínez.

Su propósito era restablecer la base revolucionaria que había tenido Manfredo en la zona, organizarla, adiestrarla y echarla a la lucha armada para recuperar la iniciativa revolucionaria y provocar la insurrección popular que liquidara el gobierno sanguinario de Balaguer.

A finales de septiembre de 1975, durante un desplazamiento nocturno, Manfredo cayó a un precipicio próximo a Los Martínez, adonde se proponía entrar esa noche, sufrió heridas incluida la rotura de costillas. Los hombres que le daban apoyo logístico lo sacaron hasta Fundación de Sabana Buey, Baní, donde quedó separado de la guerrilla en la montaña, quien tiempo después se enteró de lo sucedido.

Conocida la condición y luego la ubicación de Manfredo,  Claudio Caamaño envía personal de su confianza a buscarlo y retornarlo a la montaña para continuar la lucha, pero su mensajero llegó tarde: ya algunos de sus familiares en Santo Domingo habían conocido de su situación e improvisaron un operativo para llevarlo desde Fundación a Santo Domingo, pero delatado por el dirigente del PRD Pablo Rafael Casimiro Castro, quien “cooperó” para su traslado, fue capturado en San Cristóbal por personal dirigido por el general Neit Rafael Nivar Seijas.

Después de someterlo a torturas en la Fortaleza Militar Antonio Duvergé, en San Cristóbal, Manfredo fue asesinado al igual que los otros tres hombres que lo trasladaban en un carro y sus cuerpos acribillados fueron presentados a la prensa con una declaración de que cayeron en un intercambio de disparos.

Aunque los cuerpos de los tres acompañantes de Manfredo, incluido el de su hermano Milcíades, fueron entregados a sus familiares en Santo Domingo, el del luchador revolucionario fue retenido por las tropas de Operaciones Especiales de la Policía y sepultado sin ataúd en una esquina del cementerio de Nizao, San José de Ocoa.

En lugar fue ubicado por otros revolucionarios ocoeños que intentaron sacar sus restos para llevarlos a San José de Ocoa, pero sus familiares pidieron desistir de ese propósito, pues todos ellos eran objeto de amenazas y persecuciones policiales y militares.

Con la crecida del río Nizao con el ciclón David en agosto de 1979, el cementerio de Nizao fue totalmente inundado y la tumba de Manfredo, que estaba localizada en el extremo este, quedó borrada.

Aun es posible que los huesos de Manfredo puedan recuperarse en el lugar, pero habría que hacer excavaciones en un perímetro no menor de 400 metros, porque los referentes de la ubicación exacta, desaparecieron con nuevas crecidas.


Allí se apagó la vida de un campesino ocoeño que saltó a la condición de revolucionario de leyenda, marcado por la combatividad, la honradez y la entrega sincera a la causa del pueblo dominicano. No obstante, de su ejemplo tienen que aprender las actuales y futuras generaciones, para las sucesivas batallas.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Desviación de fondos públicos en RD es la séptima mayor entre 148 países evaluados.

7dias.com.doSANTO DOMINGO06 DE SEPTIEMBRE DEL 2013

Los informes del Foro Económico Mundial no son palabra santa pero revelan algunas deficiencias de los países estudiados, siempre desde la perspectiva del mercado. Este año, la República Dominicana permanece en el mismo lugar 105 que ocupó el año pasado.
El ranking de los países en el índice se construye con doce indicadores básicos, el primero de ellos el referido al funcionamiento de las instituciones. En algunos de sus componentes, la República Dominicana retrocede hasta casi situarse en el último lugar. Tal es el caso de la confianza de la población en los políticos (143)  y la desviación de los fondos públicos (142).
En peor lugar, sin embargo, queda el país cuando se evalúa el indicador del “favoritismo en las decisiones gubernamentales, el 145. Aunque menos que los anteriores, tampoco es honroso el lugar ocupado en independencia de la justicia, (131);  gasto gubernamental dispendioso (138); costo para las empresas del crimen y la violencia” (131);  “confiabilidad de los servicios policiales” (143); y ética empresarial (111).
 De conformidad con la evaluación, la República Dominicana cojea seriamente en aspectos cardinales para el desarrollo económico y social.
Otros indicadores en los que la posición del país en el informe del Foro Económico Mundial es claramente desventajosa son el desequilibrio presupuestario (134), referido al entorno macroeconómico; calidad del servicio de electricidad (134);  calidad del sistema educativo (140); dominio de las matemáticas y las ciencias (146); calidad de las instituciones de investigación (126), y disponibilidad de científicos e ingenieros (126).
Estos resultados ponen de relieve la pobre imagen que organizaciones  de este tipo tienen del funcionamiento del Estado y la sociedad dominicanos. De conformidad con la evaluación, la República Dominicana cojea seriamente en aspectos cardinales para el desarrollo económico y social.
Radiografía también cómo la corrupción en diversas de sus modalidades atraviesa transversalmente a la sociedad dominicana y la notoria desventaja del país por la mala calidad de la educación y la carencia de pujos innovadores.
El documento fue hecho público el pasado miércoles en la sede del Foro Económico Mundial en Ginebra, Suiza.


martes, 3 de septiembre de 2013

Discurso del Presidente Constitucional de la República en Armas Francisco Caamaño Deñó


Señores miembros del Congreso Nacional

Pueblo Dominicano:


Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público. El 3 de mayo de 1965, el Congreso Nacional me honró eligiéndome Presidente Constitucional de la República Dominicana. Solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre he creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea del pueblo mismo.

Bien legítimo era ese derecho, forjado por nuestras grandes mayorías nacionales en las elecciones más puras de toda nuestra historia, y depositado en mis manos en momentos en que el pueblo dominicano se batía, a sangre y fuego, para reconquistar sus instituciones democráticas. Estas instituciones, surgidas de la consulta electoral del 20 de diciembre de 1962, fueron devoradas por la infamia y la ambición de una minoría que siempre ha despreciado la voluntad popular.

Los dominicanos se batían a sangre y fuego, porque esa minoría le arrebató sus libertades el 25 de septiembre de 1963. Esa minoría es la misma que siempre ha robado, encarcelado, deportado y asesinado a nuestro pueblo. Y esa minoría, representada por el Triunvirato que presidió Donald Reid, se llegó a creer que este país le pertenecía y que sus habitantes eran sus esclavos.


Todos esos vicios y errores significaban mayores dolores y miseria para el pueblo. La vida se hacía insoportable. Ni una sola esperanza cabía en el alma de los dominicanos mientras se mantuvieran gobernando los usurpadores del poder. Para que renaciera esa esperanza se hacía necesario volver al gobierno libremente electo, es decir, a la democracia de la Constitución de 1963. Todo indicaba que la minoría gobernante, que pensaba y actuaba como propietaria de la nación, permanecería en el poder aún en contra de los más vivos reclamos populares, orientados hacia el rescate del régimen democrático.

La rebelión armada contra la ilegitimidad de su mando se convirtió entonces en una imperiosa necesidad social. Fruto de esa necesidad, y de la determinación de los dominicanos a ser libres, sin importarles la cuantía del precio, estalla el glorioso movimiento 24 de abril.


Ese Movimiento, inspirado en el más noble espíritu democrático, no era un cuartelazo más. Razón tenía el profesor Juan Bosch cuando dijo, desde su obligado exilio en Puerto Rico, que los dominicanos estábamos librando una revolución social. Así era porque los sectores democráticos del pueblo, tras mucho sufrimiento y mayores frustraciones, habían tomado profunda conciencia de su papel histórico y, hermanados con los militares que respetamos el juramento de defender la majestad de las leyes, se lanzaron a la calle en busca de su libertad perdida.

Heroicamente, con más fe que armas, y con enorme caudal de dignidad, el pueblo dominicano abría de par en par las puertas de la Historia para construir su futuro. Hondas, muy profundas eran las raíces de esa lucha. Desde la Independencia, desde la Restauración, caminaba el pueblo muriendo y venciendo tras su derecho a ser libre. El 24 de abril era un paso gigantesco hacia la construcción de ese derecho y hacia la democracia que lo consagra plenamente.

Los enemigos del pueblo, aquellos que por encima de los intereses de la Patria colocan sus propios intereses en un vano empeño por mantenerse en el poder, hacían correr, como ríos, la sangre generosa. Pero sobre nuestros muertos, nos levantamos siempre con mayor fuerza. La Revolución avanzaba triunfante. América entera miraba con admiración hacia esta tierra, esperando ansiosa nuestro triunfo, porque en él veía una victoria de la democracia sobre las minorías opresoras que azotan, como plagas, todo el Continente Americano.


Desgraciadamente, el 28 de abril, cuatro días después de iniciada la Revolución, cuando la libertad renacía vencedora, cuando todo un pueblo se volcaba fervorosamente hacia el encuentro con la democracia, el Gobierno de los Estados Unidos de América, violando la soberanía de nuestro Estado Independiente, y burlando los principios fundamentales que sostienen la convivencia internacional, invadió y ocupó militarmente nuestro suelo.

¿Qué derecho podían invocar los gobernantes norteamericanos para atropellar así la libertad de un pueblo soberano? ¡Ninguno! Se hacían culpables de un gravísimo delito, que atentaba contra nuestra nación. Contra América y contra el resto del mundo. El principio de No Intervención, base fundamental de las relaciones entre los pueblos civilizados, fue tan brutalmente desconocido que aún se escucha por toda la vastedad del planeta el eco de la más dura repulsa contra los invasores.

En este continente de hermanos, al lado del clamor de los Gobiernos de Chile, Uruguay, México, Perú y Ecuador, que encauzaron su actuación internacional haciendo honor al sentimiento de fraternidad continental de sus respectivos pueblos, se escucha así mismo, en defensa de la No Intervención y de la soberanía de nuestro país, la vibrante y solidaria protesta de millones de latinoamericanos indignados.


La humillación que el gobierno de los Estados Unidos de América del Norte hacía sufrir a la República Dominicana, militarmente invadida, significa también una dolorosa humillación para toda América. ¿Qué normas, qué principios pueden servir a las naciones americanas para hacer valer su vocación y su derecho a la independencia, cuando los gobernantes norteamericanos decidan, con vanas excusas y apoyados en la fuerza de sus cañones, imponerles su destino político? ¿A dónde ir a reclamar para que reconozca el derecho de un pueblo a ser independiente y dueño de su propia vida? ¿Qué organismos, qué instituciones serán capaces de defender esos derechos y de alentar a los pueblos a ejercerlos, sin temor a la intrusión de los que se han erigido en árbitros de la determinación ajena?

Para desgracia de la República Dominicana y para desgracia de América, la Organización de Estados Americanos, en vez de asumir la defensa de nuestra soberanía, en vez de sancionar severamente la intervención militar para hacer de este modo honor a los principios que dice sustentar, no sólo se colocó de espaldas a su propia Carta Constitutiva, sino que también empujó, aún más, el puñal que hoy se clava en el corazón de nuestra patria.


Cuatro días después de la intervención militar norteamericana, la Organización de Estados Americanos decidió que se hiciera «todo lo posible para procurar el restablecimiento de la paz y la normalidad en la República Dominicana». En el texto de la Resolución que expresa lo citado nada se decía acerca de la violación de nuestra soberanía. ¡Nada! Ni una sola palabra hace referencia al monstruoso crimen del 28 de abril de 1965, que por largo tiempo conmoverá a los frágiles cimientos del orden jurídico interamericano. Todo lo contrario. La Organización de Estados Americanos se empeñaba entonces, ignorando y torciendo los principios, en justificar y validar la intervención militar norteamericana. Y así creyó hacerlo creando la Fuerza Interamericana. La Resolución que consagra esa funesta medida, registrada como Documento Rec.2 de la Décima Reunión de Consulta de Ministros Americanos, revela muy a las claras la actitud del organismo regional a ese respecto. En efecto, en ella se lee lo siguiente: «Que la integración de una Fuerza Interamericana significará, ipso facto, la transformación de las fuerzas presentes en territorio dominicano en otra fuerza que no será de un Estado sino de un organismo inter-estatal...»

¡Transformación! He ahí la palabra que delata la convivencia de la Organización de Estados Americanos con los invasores. Se transformaban los «marines» en Fuerza Interamericana. Aquello fue la institucionalización del delito político como norma de las relaciones internacionales de nuestro continente.

La intervención norteamericana vino, pues, a detener el triunfo de la democracia dominicana y a apuntalar a la minoría que le niega y le disputa sus derechos a nuestros pueblos. Tras el llamado Gobierno de Reconstrucción Nacional, obra de los funcionarios de la intervención extranjera, se echó al desprecio al pueblo, se fortaleció la corrupción, y el crimen se extendió por todo el país.


A pesar de la frustración momentánea que en esos trágicos días sufriera la Revolución, el Gobierno Constitucional decidió defender sus derechos. Naturalmente, ante la violencia y la fuerza del poderío norteamericano, representado por más de 40 000 soldados, ya no era posible el triunfo armado del movimiento democrático dominicano. Tuvimos que negociar con los invasores a fin de conservar parte del tesoro de democracia que habíamos comenzado a crear.

En la mes de negociaciones defendimos siempre los principios. Si abandonamos algunas de las conquistas por las que el pueblo dominicano se lanzó a la lucha, no se debió a que los negociadores de la Organización de Estados Americanos trajeran proposiciones de un mayor contenido democrático que el perseguido en nuestros objetivos iniciales. Cedimos solamente ante la realidad que nos imponía la intervención americana. El corredor que las tropas extranjeras establecieron, arbitraria e injustificadamente, dividiendo la ciudad en dos, no tuvo otra razón que la de evitar que nuestra lucha se extendiera, desde esta gloriosa ciudad, hacia todo el resto del país.


Las ansias democráticas habían hecho vibrar la República entera. La causa que con las armas en las manos defendía el pueblo de Santo Domingo era la causa nacional. Esta ciudad cuatro veces centenaria fue la vanguardia, y desde ella nos lanzamos, triunfantes contra los opresores criollos. Se vislumbraba ya la victoria de las armas democráticas, y cuando estábamos a punto de lograrla plenamente, Estados Unidos de América se interpone, invadiéndonos para salvaguardar los peores intereses y las más ruines ambiciones.

Fue entonces cuando tuvimos que ceder en algunos de nuestros objetivos, porque no podíamos vencer con las armas. Pero a pesar de toda la fuerza y de toda la violencia del poderío militar norteamericano, no cedimos por temor o por miedo a ser vencidos. Testigo es el mundo de la lucha que libramos, del coraje y la valentía de ese pueblo en el terreno del honor y en el campo de batalla.


Oportuno es que me detenga aquí para rendir homenaje a los héroes que entregaron sus vidas luchando por la democracia y la soberanía nacionales. Ese Combatiente Desconocido, que reposa en esta Plaza de la Constitución, es el símbolo del sacrificio y del amor de los dominicanos por su libertad. Como él, murieron miles. De ese semillero de héroes crecerá vigoroso el futuro de la patria. Porque héroes son los que dieron la vida tratando de evitar que se creara el corredor internacional que detuvo nuestra marcha victoriosa. Porque héroes son los que, con piedras en las manos, detuvieron los tanques de acero en el Puente Duarte. Héroes son los que defendieron hasta el último aliento la Zona Norte de la ciudad; héroes son los que recibieron, impávidos, los ataques aéreos al Palacio Nacional; héroes los que durante los días 15 y 16 de junio recibieron valientemente la metralla extranjera; héroes los del 29 de agosto; héroes también los que han muerto en todos nuestros frentes, en campos y ciudades defendiendo la integridad nacional.

Nunca tal vez en la vida de los dominicanos se había luchado con tanta tenacidad contra un enemigo tan superior en número y en armas. Luchamos, sí, con bravura de leyenda, porque íbamos desbrozando con la razón el camino de la Historia.

No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos. La verdad auspiciada por nuestra causa fue la mayor fuerza y el mayor aliento para resistir. ¡Y resistimos! Ese es nuestro triunfo porque sin la tenaz resistencia que opusimos, hoy no pudiéramos ufanarnos de los objetivos logrados.

Nosotros cedimos, es cierto, pero ellos, los invasores que vinieron a impedir nuestra revolución, a destruir nuestra causa tuvieron que ceder también ante el espíritu revolucionario de nuestro pueblo.

Ahí están, hablando por sí solas, las conquistas alcanzadas y que constan, engrandecidas por la sangre de los caídos, en el Acta Institucional y en el Acta de Reconciliación Dominicana. Se nos han reconocido múltiples derechos económicos y sociales. Hemos logrado la fijación de elecciones libres a breve plazo. Hemos conquistado las libertades públicas, el respeto a los derechos humanos; el regreso de los exiliados políticos, el derecho de todo dominicano a vivir en su patria sin temor a ser deportado. Pero, por encima de todo, hemos logrado una conquista inapreciable, de fecundas proyecciones futuras: ¡La conciencia democrática! Conciencia contra el golpismo, contra la corrupción administrativa, contra el nepotismo, contra la explotación y contra el intervencionismo. Hemos conquistado conciencia de nuestro propio destino histórico. En suma, conciencia del pueblo en su fuerza, que si el 24 de Abril le sirvió para derrotar a las oligarquías civil y militar, hoy, nutrida por esa maravillosa experiencia y esta lucha asombrosa le permitirá forjar, en la paz o en la guerra, su libertad y su independencia. ¡Despertó el pueblo porque despertó su conciencia!

Esos son los logros de esta revolución. No solamente nuestros, sino también de América. Los principios que aquí han sido defendidos son los mismos que hoy conmueven a todas sus naciones. Cuando los pueblos situados al sur del Río Bravo expresaban su solidaridad con nuestra lucha, junto al estímulo fraternal iban también, profundamente unidas, sus más caras e íntimas aspiraciones. Desde México hasta Argentina la democracia es el sueño de millones de hombres que quieren convertir en realidad. Sueño de paz creadora, de paz y libertad decorosa. Pero ese bello sueño es turbado, hasta convertirse en pesadilla, por la codicia y la explotación de minorías ajenas al noble ideal de la convivencia humana.

Si algún mérito me cabe por haber participado preeminentemente en esta revolución democrática, gracias al honroso mandato presidencial que me otorgara el Honorable Congreso Nacional, no es otro que el de haber comprendido esa dolorosa realidad de nuestro pueblo, y haber luchado ardientemente por tratar de transformarla en un porvenir cargado de esperanzas.


Creo firmemente que el pueblo dominicano terminará por lograr su felicidad, y el 24 de Abril será siempre un símbolo estimulante hacia la consecución definitiva de ella. Es nuestra obligación, como defensores de la democracia, abonar la siembra generosa que comenzó en esa fecha inmortal. Pero abonarla con entusiasmo creciente, con todo el espíritu, sin vacilaciones, sin descanso. El mejor modo de hacerlo está en la unidad de todos nosotros, en la vigilancia de todos nosotros, dispuestos mañana, como lo hemos estado hoy, a correr todos los riesgos en defensa de la democracia dominicana y del honor nacional.

Ante el pueblo dominicano, ante sus dignos representantes que aquí encarnan el Honorable Congreso Nacional, renuncio como Presidente Constitucional de la República. Dios quiera y el pueblo pueda lograrlo, que esta sea la última vez en nuestra historia que un Gobierno legítimo tenga que abandonar el poder bajo la presión de fuerzas nacionales o extranjeras. Yo tengo fe en que así será.

Finalmente, invito al pueblo aquí reunido a hacer el siguiente juramento:

En nombre de los ideales de los Trinitarios y restauradores que forjaron la República Dominicana.

Inspirados en el sacrificio generoso de nuestros hermanos civiles y militares caídos en la lucha constitucionalista.

Interpretando los sentimientos del pueblo dominicano.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgjaYKbBGv6VVxzMcU5a3YHdn7UbRrRuEWt5Nnbzwk-ez1qd6J2sXAIPvw8QXItXoAECpA5WnKY3az5VtiRIg9KKq9a3vdMbm4Gbua9AbZahB59NCgP79rXWodHonZKSEy2sNQDKngqyGSG/s1600/040103dominican_prv.gifJuramos luchar por la retirada de las tropas extranjeras que se encuentran en el territorio de nuestro país.

Juramos luchar por la vigencia de las libertades democráticas y los derechos humanos y no permitir intento alguno para restablecer la tiranía.

Juramos luchar por la unión de todos los sectores patrióticos para hacer a nuestra nación plenamente libre, plenamente soberana, plenamente democrática.

Francisco Caamaño
Santo Domingo, D.N., Republica Dominicana
03 de Septiembre de 1965.
Entrega del mandato presidencial.


Santo Domingo, R.D., domingo, 24 de abril de 1965.

sábado, 31 de agosto de 2013

Conversatorio sobre la Guerra Civil y Guerra Patria de 1965.

Día 2 de septiembre 2013.

Biblioteca Pedro Mir de la Universidad Autónoma.

Sala Manuel del Cabral.

Hora: 5:00 p.m.

Conversatirio.

"RESULTADOS Y EFECTOS DE LA GUERRA CIVIL Y GUERRA PATRIA DE 1965".

viernes, 16 de agosto de 2013

Nombraran en Union City una avenida Juan Pablo Duarte

El sábado 17 de agosto nombraran en Union City una Avenida Juan Pablo Duarte y Conferencia de los Símbolos Patrio en Celebración del 150 aniversario de la Restauración de la Republica Dominicana.

Union City NJ- La comunidad dominicana en la ciudad de Union City, celebrará por todo lo alto el 150 aniversario de la Restauración de la República Dominicana.

El Instituto Duartiano Filial NJ, en conjunto con el Senador y Alcalde de Union City, Brian P. Stack son los auspiciadores a la Conferencia Sobre los Símbolos Patrios de la República Dominicana y el nombramiento de la Avenida Juan Pablo Duarte.  

La ciudad de Union City, cuenta con una amplia población de residentes dominicanos; el Alcalde Brian P. Stack, en vísperas del aniversario de la Restauración de la República Dominicana, auspicia este importante evento patriótico y educacional.

El Presidente del Instituto Duartiano Filial NJ, Freddy Gómez dijo: “Esta conferencia de los símbolos patrio dominicanos y nombramiento de la Avenida Juan Pablo Duarte, son muy importantes para la comunidad dominicana y para mí, es un orgullo ser parte de este gran evento”.

El expositor será el Magistrado Dr. Wilson Gómez Ramírez, quien es Juez del Tribunal Constitucional (TC) y Vice Presidente del Instituto Duartiano de la República Dominicana.

La fecha de esta conferencia, es el próximo Viernes 16 de Agosto 2013, a las 7:30 PM en el William V. Musto Cultural Center 420 15Th St, Union City NJ.

La ceremonia del nombramiento de la avenida  Juan Pablo Duarte, es el sábado 17 de agosto a las 11:00 am  en la calle 33  y New York Ave, Union City NJ.

El evento cuenta con la participación de grandes personalidades hispanas de la vida política y cultural del estado de New Jersey.

Para información
Freddy Gómez
Presidente
Tel. 201-895-9181

lunes, 12 de agosto de 2013

El sábado 17 de agosto nombraran en Union City una Avenida Juan Pablo Duarte y Conferencia de los Símbolos Patrios en Celebración del 150 Aniversario de la Restauración de la República Dominicana.


Union City NJ- La comunidad dominicana en la ciudad de Union City, celebrará por todo lo alto el 150 aniversario de la Restauración de la República Dominicana.

El Instituto Duartiano Filial NJ, en conjunto con el Senador y Alcalde de Union City, Brian P. Stack son los auspiciadores a la Conferencia Sobre los Símbolos Patrios de la República Dominicana y el nombramiento de la Avenida Juan Pablo Duarte.  

La ciudad de Union City, cuenta con una amplia población de residentes dominicanos; el Alcalde Brian P. Stack, en vísperas del aniversario de la Restauración de la República Dominicana, auspicia este importante evento patriótico y educacional.

El Presidente del Instituto Duartiano Filial NJ, Freddy Gómez dijo: “Esta conferencia de los símbolos patrio dominicanos y nombramiento de la Avenida Juan Pablo Duarte, son muy importantes para la comunidad dominicana y para mí, es un orgullo ser parte de este gran evento”.

El expositor será el Magistrado Dr. Wilson Gómez Ramírez, quien es Juez del Tribunal Constitucional (TC) y Vice Presidente del Instituto Duartiano de la República Dominicana.

La fecha de esta conferencia, es el próximo Viernes 16 de Agosto 2013, a las 7:30 PM en el William V. Musto Cultural Center 420 15Th St, Union City NJ.

La ceremonia del nombramiento de la avenida  Juan Pablo Duarte, es el Sábado 17  de Agosto a las 11:00 am  en la calle 33  y New York Ave, Union City NJ.

El evento cuenta con la participación de grandes personalidades hispanas de la vida política y cultural del estado de New Jersey.

Para información
Freddy Gómez
Presidente
Tel. 201-895-9181